La tensión de trabajar en varios proyectos a la vez (y cómo la IA la está cambiando)

Durante gran parte de mi carrera, tener varios proyectos de software activos al mismo tiempo era algo reservado para equipos completos o para personas dispuestas a sacrificar gran parte de su tiempo libre.

No era solo una cuestión de escribir código. Había que diseñar la arquitectura, crear interfaces, configurar infraestructura, resolver problemas de despliegue, escribir documentación, responder preguntas de usuarios, corregir errores y tomar cientos de pequeñas decisiones todos los días.

Cada proyecto agregaba una carga cognitiva considerable.

Por eso, históricamente, la mayoría de nosotros terminábamos concentrándonos en una sola iniciativa principal. Incluso cuando teníamos muchas ideas, la limitación no era la creatividad. Era la capacidad de ejecución.

En los últimos meses me encontré en una situación que me hizo reflexionar sobre esto. Además de mi trabajo principal, estoy construyendo varios proyectos en paralelo. Algunos son productos más maduros. Otros son experimentos. Algunos nacieron para resolver problemas específicos. Otros simplemente para explorar una idea que me parecía interesante.

Si alguien me hubiera preguntado hace tres años si era realista avanzar simultáneamente en varios productos siendo una sola persona, probablemente habría dicho que no.

Hoy ya no estoy tan seguro.

La razón principal no es que haya aprendido a trabajar más horas ni que me haya vuelto más productivo. De hecho, intento evitar ambas cosas.

Lo que cambió es la aparición de asistentes de IA capaces de colaborar en tareas que antes consumían gran parte del tiempo disponible.

No escriben el producto por sí solos. Tampoco eliminan la necesidad de tomar decisiones. Pero sí reducen significativamente el costo de ejecución.

Cuando necesito crear una página nueva, preparar documentación, generar pruebas, revisar código, redactar contenido, diseñar una estructura de datos o explorar alternativas de implementación, puedo avanzar mucho más rápido que hace unos años.

La diferencia más interesante no es la velocidad individual de una tarea. La diferencia aparece cuando se acumulan cientos de tareas pequeñas.

Cada proyecto tiene una enorme cantidad de trabajo periférico. Muchas veces el desarrollo de la funcionalidad principal representa solo una parte del esfuerzo total. El resto son detalles operativos, documentación, contenido, mantenimiento y decisiones menores que terminan consumiendo semanas enteras.

La IA no elimina ese trabajo, pero permite procesarlo con una fricción mucho menor.

Sin embargo, también descubrí que aparece una tensión nueva.

La capacidad de ejecutar más proyectos no significa que sea una buena idea hacerlo.

De hecho, la limitación ya no parece estar en la construcción sino en la atención.

Puedo avanzar técnicamente en varias aplicaciones durante la misma semana. Lo que resulta mucho más difícil es mantener claridad sobre cuáles merecen realmente recibir tiempo, energía y foco.

La IA ayuda a construir. No ayuda tanto a priorizar.

Sigue siendo necesario decidir qué producto tiene potencial, qué idea vale la pena explorar más profundamente y cuáles deberían quedar archivadas.

En cierto sentido, la restricción se está desplazando.

Durante años la pregunta fue: “¿Tengo capacidad para construir esto?”

Cada vez más, la pregunta parece ser: “¿Vale la pena construirlo?”

Para quienes disfrutamos creando software, esa es una pregunta interesante. Porque construir se está volviendo más accesible. Lo escaso empieza a ser el criterio para elegir en qué trabajar.

Todavía no sé cuál será el resultado de todos los proyectos que estoy explorando. Algunos probablemente evolucionen. Otros quedarán como experimentos. Algunos quizás nunca encuentren usuarios.

Pero sí noto algo diferente respecto de años anteriores: por primera vez siento que una sola persona puede mantener activas varias iniciativas razonablemente ambiciosas sin necesitar un equipo detrás.

No porque el trabajo haya desaparecido.

Simplemente porque una parte importante de ese trabajo ahora tiene asistencia.

Y eso cambia bastante las reglas del juego para quienes disfrutan construir cosas fuera de su trabajo principal.